CONTINUACIÓN  DEL DISPOSITIVO ANALÍTICO POR OTROS MEDIOS

 In "Emergencia de un Real efectos en el sujeto"

CONTINUACIÓN  DEL DISPOSITIVO ANALÍTICO POR OTROS MEDIOS

CLARA CECILIA MESA, AME, Miembro del Foro de Medellín.

 

Foro de Medellín, 28 de Abril de 2020.

He propuesto como título de mi participación en este debate que nos ha suscitado “La emergencia de un real, efectos sobre el sujeto..” “La continuación del dispositivo por otros medios…” evoco de entrada la formula del general prusiano Von Clausewitz en su texto “Sobre la guerra” que define la guerra como una continuación de la política por otros medios, no es exactamente una guerra como un fenómeno social lo que nos amenaza, no es una gran potencia que bombardea a otra, no es la muerte del otro, de los niños en Siria, ni los inmigrantes africanos que mueren ahogados en el Mediterráneo, es la muerte propia la que se pone de manifiesto frente a la exacerbación de este real de la naturaleza, como se ha dicho en muchos lugares, pero es un real de la naturaleza que toca la relación íntima con la muerte para cada uno. Entonces ante esta coyuntura ¿cómo podemos continuar haciendo existir el dispositivo analítico? La referencia a Clausewitz es muy potente y recuerdo que Lacan la toma en su texto “La Dirección de la cura”

En su texto Clausewitz plantea tres ejes esenciales de la guerra: a saber, la estrategia, la táctica y  la política. Se es más libre en la política que en la estrategia y en la táctica, Lacan por su parte dirá: “El analista es aún menos libre en la política que en aquello que domina a saber: estrategia y táctica.

Estos tres ejes de la política le sirven a Lacan para establecer un balance sobre la dirección de la cura y los principios de su poder. Un balance realizado en 1958 pero son ejes que vienen bien para hacer nuestro balance ante la emergencia del real. Entonces Lacan sitúa el problema de manera precisa, de manera lógica está dividido en 4 preguntas y una afirmación, o axioma. Este axioma es el principio fundamental de la cura.  Las cuatro preguntas son: ¿Quién analiza hoy? Hoy, en el sentido de 1958, pero hoy 2020, quién analiza?  La segunda pregunta es ¿Cuál es el lugar de la interpretación?; la tercera ¿Cuál es la situación actual de la transferencia? Y finalmente la cuarta ¿Cómo actuar con su falta en ser? Finalmente, el principio rector de la dirección de la cura: Hay que tomar el deseo a la letra. Es el punto incuestionable porque toda desviación será siempre una desviación en la concepción del deseo del analista y de su lugar en la clínica psicoanalítica.

No hay ningún asunto del psicoanálisis que no esté puesto a punto en este escrito: El sujeto, el inconsciente, el síntoma, la transferencia, la interpretación, el deseo, la función del analista y el modo en que hace uso o no del poder que la transferencia le confiere, los principios de la palabra como los principios fundamentales en la dirección de la cura, y, sin embargo no hace referencia al setting, es decir las coordenadas de la situación analítica se definen así: La política, el punto en el que el analista es menos libre, en él el analista paga con lo íntimo de su juicio, ese juicio íntimo lo realiza el deseo del analista, que es lo que Lacan llama el nivel político y La transferencia, es definida como el lugar de la estrategia, y,  la interpretación, el lugar de la táctica, Lacan va a decir que es en la táctica en la cual,  el psicoanalista tiene el mayor nivel de libertad, las preguntas que nos hacemos en esta coyuntura, no están situadas en el nivel de la política, ni en el de la estrategia, pero acaso entonces están en el nivel en el que hay mayor libertad, la táctica? es decir, que tiene la libertad para escoger  los medios de los cuales se puede servir?

Ahora, la pregunta que me formulo es si servirse de otros instrumentos ¿afecta estos principios de la dirección de la cura? Es claro que hoy no podemos detenernos en las respuestas de Lacan en el 58. Es claro que la transferencia no se dirige a la persona del analista, bien que Freud ponía a prueba sus orígenes cuando decía que frente a la suspensión de las asociaciones si se le preguntaba al paciente decía estar pensando en el escenario del consultorio o en la persona de su analista.  Hoy hemos elaborado lo suficiente el concepto de transferencia para poder situarla siempre como suposición de saber y no como suposición de saber al analista….

Igualmente me pregunto, estoy en el tiempo de las preguntas, me pregunto si la interpretación es realmente afectada, lo hemos visto todo el tiempo, lo hemos leído recientemente en el comentario sobre La Tercera, la interpretación no es la interpretación de sentido,  ni la interpretación de lo preverbal,  sino la interpretación como «decir del analista» la interpretación como corte,  como suspensión que interrumpe la cadena, separa los S1 lejos de hacer cadena… Colette Soler en «El decir del analista».

La pregunta debe considerarse desde un punto de vista ético en relación con lo que Lacan llama el discurso del analista. En una situación de este tipo, la línea divisoria entre psicoterapia y psicoanálisis parece borrarse, desdibujarse…El arte de la psicoterapia es escuchar las palabras de quienes sufren, responder con palabras que pueden angustiar y tratar de simbolizar el trauma. Está en juego la palabra como instrumento también, pero como palabra que demanda  y la palabra que sabe cómo responder. Sin duda, algo de esto se cuela en la experiencia analítica, pero el psicoanálisis apunta a otra cosa: apuntar a lo real que causa este goce (como lo llamó Freud) alojado en el síntoma y que hace sufrir. Para esta operación, el psicoanalista, siendo alguien que puede responder, es al mismo tiempo quien puede ocupar el lugar del semblante de objeto causa que causa el trabajo del analizante el sujeto en el lugar del trabajo, para producir los significantes amo que han comandado su goce, y que están en la base de la repetición del síntoma. . Enuncio pues así el discurso del analista con el cual hay un paso fundamental entre el actuar con su propio ser del 58. Es aquí el ser semblante de objeto

Se deduce pues que en esta ecuación está excluida toda perspectiva de tomar la pendiente de la dirección del paciente, incluso en la vía de querer apaciguar su sufrimiento, la vía del buen samaritano, por supuesto que una emergencia de las proporciones de la situación actual, puede bien despertar al terapeuta que duerme en cada uno, recordemos una cita muy temprana en la dirección de la cura:

El psicoanalista sin duda dirige la cura. El primer principio de esta cura, el que le deletrean en primer lugar, y que vuelve a encontrar en todas partes en su formación hasta el punto de que se impregna en él, es que no debe dirigir al paciente. La dirección de conciencia en el sentido de guía moral que un fiel del catolicismo puede encontrar, queda aquí radicalmente excluida.

Lacan pone pues en tensión dos problemas: por un lado, la desviación que sirviéndose de la dimensión de sugestión en la transferencia, orienta la dirección de la cura hacia el ejercicio de un poder, este poder resulta de una impotencia de captar y sostener la autenticidad de la práctica analítica. Entonces la respuesta de Lacan es:” Este poder, lo sustituyen a la relación con el ser donde esa acción tiene lugar, haciendo decaer sus medios, a saber los de la palabra…”

Henos aquí pues en el principio maligno de ese poder siempre abierto a una dirección ciega. Es el poder de hacer el bien, ningún poder tiene otro fin (…)[1]

Ya nos había advertido en el seminario sobre la ética: “Hacerse el garante de que el sujeto puede de algún modo encontrar su bien mismo en el análisis es una suerte de estafa.”[2]

¿A dónde va pues la dirección de la cura? Dice lacan “La dirección de la cura es otra cosa. Consiste en primer lugar en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica o sea las directivas cuya presencia no podría desconocerse en el principio de lo que se llama «la situación analítica»[3].

Entendemos bien que esta afirmación no es para nada suficiente en el sentido en que hoy muchas prácticas y entre ellas las llamadas virtuales se reclaman en nombre de la palabra, pero la palabra por sí misma no hace existir al inconsciente: “La asociación, según Freud es un modo de la palabra separado del dominio intencional, pretendiendo hacer posible la intrusión de significantes inesperados, una palabra en la que el sujeto no sabe lo que él dice. Y sabemos que un sujeto que no acepta este registro del “hablo pero no se lo que digo” vuelve toda interpretación inoperante. Es por eso que el llamado a la confidencia, al testimonio, a la opinión, tan preciado hoy en día y del que se hace estadística, es en sí mismo una denegación del inconsciente, puesto que el testimonio es una palabra reducida a decir lo que se sabe” Colette Soler, Florilegios pág. 95

Ahora bien, las preguntas que traigo hoy son cuáles de ellas consideramos que se afectan si se considerar la posibilidad de continuar el dispositivo por otros medios?

Para concluir

Para concluir  es importante dejar en claro unas premisas que se derivan del recorrido que he realizado:

Esto es temporal, es una respuesta coyuntural. La coyuntura que hemos llamado como la emergencia de un real.  Es cierto que es un momento, un tiempo cercado, rodeado, limitado, circunscrito, único, inédito en el que tenemos que inventarnos, buscar nuevas formas mientras que sea posible retomar el espacio de las sesiones en consultorio. Hay algo nuevo en la forma pero que no necesariamente debe afectar la relación con la palabra.

No apuesto a una clínica “virtual” como se ha llamado, es una apuesta que implica seguir el eje de lo real en la clínica analítica, el teléfono por ejemplo, es la vía que yo he tomado permite mantener la relación a la palabra, también la voz, es un medio que me ha parecido que permite mantener el fondo del silencio, el tiempo para la palabra del sujeto.

Las decisiones se toman caso por caso y a demanda de los sujetos a quienes les he hecho la oferta de intentar continuar el dispositivo sirviéndonos de otros medios, hubo los que dijeron que si, los que dijeron que no y los que habiendo dicho que no, decidieron finalmente continuar.

El ejercicio realizado en tiempos del advenimiento de un real letal de la naturaleza que nos amenaza con la muerte a cada uno no, sustituye el dispositivo analítico, repito y espero que no quede olvidado tras lo que se dice: El dispositivo analítico no está en cuestión, es irremplazable, al menos en el caso de mi clínica no lo remplazará definitivamente.

Tengo la convicción de que decir que hace falta el cuerpo, ponerle el cuerpo, etc, es en cierta medida una concepción ingenua del cuerpo, lo he pensado mucho, no tengo respuesta definitiva al respecto pero no podemos olvidar que para Freud la interdicción fundamental es una interdicción de no hacer uso de los cuerpos y que el uso del Diván tiene el espíritu de lo que podré llamar en los términos contemporáneos de “distanciamiento social”. Por otro lado, idealizar los cuerpos me parece que ignora otras concepciones que podemos derivar más allá de su unidad imaginaria, o del recorte significante, ellos son muros, murallas, pesados, requieren de un espacio geográfico, incluso cuando hablamos de cuerpos no importa mucho si están vivos o muertos.

Para nuestro caso, tengo la idea de que aliviarnos de los cuerpos nos ha permitido sostener un espacio, para nada virtual, de debate y de trabajo…

Finalmente, traigo unas referencias de oídas sobre la posición que asumió Colette Soler en la primera conversación entre los analistas de París sobre el tema: Curiosamente mientras todos discutían si virtual, si telefónico, si faltaba o no el cuerpo, ella dijo tres cosas sobre las que no puedo ir más lejos pero confirman el lugar hacia el cual me dirijo: En primer lugar “el teléfono depura la voz”, en segundo lugar lo que no está en juego es “la pantomima de los cuerpos” de salir a buscar al paciente, de la llegada del paciente, de la espera, etc. Y, en tercer lugar, sin entrar a debatir pues los temas anteriores, evoca que, si en el tiempo de Freud la subversión implicaba un cambio en la relación con la sexualidad, nuestra época implica un cambio en la relación con la muerte.

“En la situación actual, cada analista, uno por uno, tendrá que orientarse, no por los estándares, sino por los principios éticos que permiten que la operación analítica pueda tener su continuidad lógica, y pueda tomar la medida de sus efectos, caso por caso”.[4]

Mientras el clamor de la humanidad aspira a retornar a la normalidad, cuando no a la realidad, es decir el eterno retorno de lo mismo, otros efectivamente aspiran a que este tiempo pueda producir efectos que transformarán al sujeto como un antes y un después.

 

[1] Lacan, La Dirección de la ura

[2] Seminario VII pág. (Las metas morales del análisis) pág 361

[3] Pág. 218

[4] Antonio di Ciaccia. El psicoanálisis en tiempos de coronavirus. https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/04/LQ-881.pdf

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