“El inconsciente Freudiano”

 In Colegio Clínico

CONFERENCIA: “El inconsciente Freudiano”

Esteban Villota, Miembro del Foro de Medellín.

Foro de Medellín, 13 de agosto de 2020.

 

Bien este trabajo del inconsciente lo realizo en una época donde nos encontramos encerrados, aislados y sin contacto social, y aun así nuestro inconsciente sigue manifestándose.

Emails sin nada dentro, desnudos enviados a destinatarios equivocados, olvidos de clases virtuales, inhibiciones para escribir, ansiedad por futuros distópicos, micrófonos sin silenciar durante actividades sexuales en clases virtuales, sueños angustiantes, transferencias desbocadas, fantasías conspirativas, son parte del repertorio actual de los sujetos dentro de un mundo, que parece haberse detenido, sin embargo el mundo psíquico No.

Los síntomas están a flor de piel y las llamadas al psicoanálisis están en auge, las sesiones aumentan, las personas llaman más a pedir consulta. La televisión alienta a pedir ayuda terapéutica y la gente se siente autorizada a ponerle freno a ponerle freno al sufrimiento de su alma.

Así empezó una avalancha de libros digitales sobre Freud que se empezaron a compartir redes sociales, y foros por los que circulaban videos del psicoanálisis, incluso sacaron una serie Netflix (claro que no tiene mucho que ver con su creador). Pero si es interesante ver a un mundo que obligado a convivir consigo mismos, vuelve a preguntarse por Freud.

La pregunta por lo psíquico inicia porque la gente ha perdido el beneplácito de tener una sociedad que exige obediencia sin cuestionar (Just Do it). Y esa misma sociedad tan perfecta en apariencias,  se empieza a desmoronar, dejado al descubierto sus fibras ópticas y la delicada exigencia de que sus ocupantes tambien vivan de apariencias. Y sin planes de ayuda ante la caída de las máscaras sociales.

El sujeto queda a merced de sus propios pensamientos. Creo personalmente que ese ha sido el golpe más duro, estar con su propio psiquismo, sin viajes, sin cruceros, sin amores pasajeros. La soledad del uno, que lejos de ser el silencio idealizado resultó ser un sinfín de voces, de “malas palabras”, de recuerdos, de ilusiones, de proyectos fracasados,  que vienen de adentro y que demuestra que el Yo es Otro (habitado por el otro).

Por eso el ICC aparece cuando menos conviene. De la misma forma el icc históricamente ha estado desde el mundo griego, no lo inventó Freud, fue señalado indistintamente como una fuerza en discordia, como algo oculto del sujeto, como una parte del ser desconocida (una sombra entrometida). Tanto la filosofía como incipientes trabajos psiquiátricos hablaron de inconsciente antes de Freud.

Pero nadie sabía qué hacer con eso. Salvo enfermar, morirse, quemar gente (me refiero a las brujas), sufrir, reprocharse, etc. Pero sin embargo Freud le va a dar una explicación, y con ello llega una nueva forma de tratamiento.

Freud nombra Psicoanálisis a este inédito y nuevo tratamiento el 30 de marzo de 1896 (cartas a Fliess) bautizando a su nuevo procedimiento de «investigación y curación de los fenómenos psíquicos» tras haber ensayado otros métodos curativos como: hipnosis, hidroterapia, sugestión, magnetismo, electroterapia, entre otros.

Encontró que no eran efectivos, decepcionado avanzó a constituir al inconsciente freudiano como un elemento clave para el estudio de los procesos psíquicos y sus manifestaciones. Ya no se contará sólo con la subjetividad consciente, sino también con la inconsciente.

Esto implicó una ruptura epistemológica radical con la concepción de la época sobre el psiquismo, que estaba reducido, a sus mecanismos conscientes y fenómenos fisiológicos (Wundt) y aportó una perspectiva completamente nueva de la concepción del ser humano.

Aunque diversos autores ya hablaron del subconsciente y de inconsciente antes que Freud, fue él quien demostró el carácter estructurante de éste, estableciéndolo como el núcleo que da origen a la vida psíquica del ser humano y como aquello que nos separa del mundo animal.

Para Freud el inconsciente estaba constituido por palabras, en interpretación de los sueños se puede encuentran muchos ejemplos de que soñar con una habitación era soñar con una mujer, por la cercanía lingüística entre las palabras mujer y habitación. De la misma forma que soñar con un mantel era simbólicamente soñar con un hombre ¿que tenían de común un hombre y un mantel? Que las palabras en alemán eran sonoramente similares.

Sin embargo Freud no utilizó la lingüística para hacer avanzar su campo, ¿lo tuvo a su disposición? Sí. A Ferdinand de Saussure le publicaron el Curso de lingüística general en 1916. ¿Le hubiera servido? Por supuesto. ¿Hubiera hecho avanzar el psicoanálisis como Lacan lo hizo a introducir los avances lingüístico a su reflexión? Totalmente. ¿Lo hizo? No. Incluso Freud analizó al hijo de Saussure (Raymond de Saussure) ¿Como se podría analizar a alguien (desde la lógica de Freud) sin enterarse del trabajo del padre? Y luego Raymond se volvió Psicoanalista y publicó trabajos de psicoanálisis utilizando la lingüística de su padre. ¿Tuvo relevancia? No mucha. ¿Entonces que utilizó Freud? La física, la medicina y la teoría darwiniana de su época que utilizó para hacer avanzar su campo. Por ahí que la afirmación de que Freud no tuvo a su disposición la lingüística, es históricamente incorrecta.

Ahora el psicoanálisis abrió una nueva concepción del ser humano y de su subjetividad distinta a la de la filosofía clásica que consideraba al individuo como sujeto de la conciencia, del conocimiento, de la maestría, del control y de la voluntad. Por todo ello se puede hablar de un antes y de un después de Freud.

Freud lo decía bien en Inhibición, síntoma y angustia: “Bien sabemos cuan poca luz ha podido arrojar hasta ahora la ciencia sobre los enigmas de este mundo; pero todo el barullo de los filósofos no modificará un ápice ese estado de cosas; sólo la paciente prosecución del trabajo que todo lo subordina a una sola exigencia, la certeza, puede producir poco a poco un cambio. Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de angustia, mas no por ello ve más claro.”[1]

Y es porque a partir de Freud el sujeto aparece como estructuralmente dividido, ya que una parte del funcionamiento psíquico está regida por los procesos inconscientes que lo determinan aunque él no lo sepa. En ellos se encuentran las claves de la identidad y también del malestar. Este «saber inconsciente» del que el sujeto mismo está separado. Funciona como una estructura interna, que está dentro del sujeto, que lo habita y constituye el núcleo de lo más íntimo del sujeto.

Freud en las dos propuestas del sistema psíquico: Primera Tópica Freudiana (Iceberg Freudiano) Segunda Tópica Freudiana (Ello – Yo – Superyo) Siempre propone que el sistema psíquico tiene un origen a partir del inconsciente. Entonces lo inconsciente es primero, fundamento de las demás instancias psíquicas, que se erigen como “defensa” o efecto del inconsciente.

Por ahí podemos ver la importancia capital que tiene el concepto de inconsciente para el psicoanálisis porque todo su edificio teórico, está construido a partir de la escucha de los analizantes, un cuerpo de conocimientos elaborado a partir de una práctica y puesto en cuestión desde ella. Se ha dicho muchas veces que psicoanálisis de no ser una ciencia, sin embargo Freud tuvo la valentía y la ética, de propiciar una praxis ética que surge y se desafía a partir de lo que escucha , dejándose sorprender y cuestionar por aquello a lo que ésta no tiene una respuesta preestablecida. Por ahí que las formaciones del inconsciente, porque el inconsciente no se escucha de manera pura, sino a partir de manifestaciones, que son: actos fallidos, sueños, ciertos síntomas, chistes, olvidos y lapsus, son elementos que son desechados por otras prácticas. No les interesan estos elementos a otras práctica y por lo tanto tambien desechan la subjetividad del sujeto que en ellas se manifiestan. Y ese es el sujeto que el psicoanálisis rescata el sujeto desechado de la ciencia, producido en la acto de decirle que pensar, como sentir, como comportarse.

El psicoanálisis en vez de desecharlo, le dio un espacio. Supo proponerle un espacio para hablar el sufrimiento de las histéricas, esas grandes enfermas de principios de siglo que le susurraron al oído a Freud “talking cure”[2], y cuya sintomatología tan rara produjo un rigor investigativo que permite ir enfrentando los enigmas que se va a encontrando, porque nada estaba prestablecido,  pero aprendiendo a deja en suspenso el sentido y soportando la impotencia que representaba no tener respuestas inmediatas.

Y eso me parece que es una ganancia impresionante. Porque al dejar en suspenso el sentido inmediato, se dejó enseñar por esas mujeres sin cerrar con soluciones simplistas los interrogantes que ellas planteaban, cuestionó el saber médico de su época – el que obtuvo por su formación neurológica – y aceptó el reto de sus propias contradicciones y de su propio desconocimiento, produciendo un método riguroso de la investigación de la vida psíquica.

El saber inconsciente siempre es mal acogido, por ahí en cada semestre hay algún estudiante que le no le gusta la hipótesis de que el amor es inconsciente, a veces es un disgusto o tambien puede ser una molestia, pero siempre hay alguien que no está de acuerdo, que piensa que su amor es voluntario y consciente. Por ahí creo que el descubrimiento freudiano tambien es mal acogido por estamentos oficiales y por cierta parte de lo social que como Freud lo dice en esquema del psicoanálisis: algo del sujeto resiste la hipótesis del inconsciente. Sin embargo Freud había soñado con que el psicoanálisis llegase un día a tener un lugar de gran prestigio al lado de las otras ciencias, junto a ciencias positivas, pero a la vez sabía que su descubrimiento era subversivo y provocador, un dispositivo provocador de inspiración y resistencias.

Muy temprano en los textos pre-psicoanaliticos Freud ya ubicaba al inconsciente del lado de la Represión. Siendo que lo reprimido termina alojado en el inconsciente, la primera hipótesis de Freud respecto del síntoma histérico, era que era el resultado de la represión de vivencias y contenidos, que terminaban perturbando la organización psíquica que por un ejercicio de somatización terminaba afectando el cuerpo. Esta hipótesis demostró que el ser humano «no quiere saber nada» de lo reprimido. El mismo Freud constato que el progreso de la investigación de los fenómenos inconsciente siempre conllevaba un encuentro con este saber inconsciente que comprometía al sujeto con su síntoma, con un goce que Freud denominaba a la “satisfacción secundaria de la enfermedad”.

Esta ganancia del síntoma, llevo a una organización distinta respecto del síntoma. El sujeto podía experimentar en síntoma algo que estaba sosteniendo la enfermedad y que era en justa razón el núcleo del síntoma. Y justamente el psicoanálisis ya no actuaba como otras terapéuticas que buscaban aniquilar el síntoma, sino utilizarlo para desarrollar una herramienta investigación, como una ventana para la subjetividad del sujeto, del cual resulta un sujeto más enterado de su goce y más mortal.

Por eso el invento Freudiano resulta que produce una herida considerable en la humanidad. La primera la hizo Copérnico, cuando dijo que la tierra no era el centro del universo . La segunda fue Darwin, cuando dijo que el hombre desciende del mono. Y la tercera es cuando «el yo ni siquiera es dueño de su propia casa», la voluntad no puede hacer nada contra el inconsciente, incluso la voluntad juega a favor del inconsciente, como un doceavo jugador que se dedica a hacer autogoles.

Es importante establecer que antes de Freud, no hay un sistema psíquico, no hay un interior psíquico. Y Freud viene a innovar con la producción de un sistema psíquico dotado de una estructura organizada, que está regida por una serie de leyes y mecanismos específicos, que conectan el sistema psíquico y que es necesario investigar para descubrir el funcionamiento psíquico. De ahí que “el proyecto de psicología para neurólogos” sea el interesante puente entre el aparato psíquico y el conjunto de nervios, neuronas y de impulsos nerviosos.

Por eso es interesante observar el planteamiento de que el núcleo de lo psíquico sea el inconsciente, y que en su origen está la represión primordial de ciertos deseos incestuosos, relacionados a una aspiración de satisfacción sin límite, y a que se le hace una renuncia. Esta renuncia estará en núcleo central del inconsciente y que supondrá una perdida fundamental, algo irreparable para el psiquismo, y que efectúa un cambio estructural en la producción psíquica como las olas en un que dibujan en estanque calmo que inician a partir de una roca atraviesa (se pierde) la superficie del agua.

Esta estructura sistemática y conectada se extenderá a la segunda organización que propone para el sistema psíquico cuyo funcionamiento psíquico establece una organización interna y su relación con el mundo exterior, recurrido que se da entre tres instancias: Yo, Ello y Superyó. Fue una manera de representar lo irrepresentable que, sin embargo, se manifiesta de distintas maneras en el conflicto psíquico.

¿Y lo inconsciente en la segunda tópica? Bien, lo icc pasa de ser solo una instancia psíquica en la primera tópica a estar en todo el aparato psíquico de la segunda tópica. No solo será el reservorio de las pulsiones en la segunda tópica, sino que está en las tres instancias, de ahí que fundamentalmente hay algo del Yo que será inconsciente.

Esto será un avance porque el yo no será una unidad armónica y autónoma sino en parte inconsciente; es la instancia que intenta mediar entre las exigencias del superyó, que representa la interiorización de las prohibiciones parentales, y el ello, que es el polo pulsional que busca la descarga y satisfacción inmediata.

A partir de esta segunda estructura se fundamenta la posibilidad de definir distintos mecanismos inconscientes que lidian con el conflicto psíquico entre instancias: la represión, la renegación, la forclusión…, que vienen a explicar el distinto modo de funcionamiento y la estructura de: las neurosis, perversiones y psicosis.

De ahí que haya la posibilidad de incluir la renegación y la forclusión como elementos del inconsciente, que estarían actuando como mecanismos de una forma del pensamiento inconsciente respecto a los contenidos intolerables para la consciencia del sujeto, y que el sistema psíquico busca tramitar de acuerdo al mecanismo .

Por eso los síntomas neuróticos son fruto de las exigencias contrarias o de sentimientos contradictorios inconscientes entre las distintas instancias. Por eso, para el psicoanálisis, el conflicto es constitutivo del ser humano y no es algo patológico en sí, por eso en psicoanálisis es difícil establecer una frontera clara y excluyente entre lo normal y lo patológico.

Esta cuestión tiene una clara intensión ética de no juzgar y clasificar a las personas, pero tambien porque se constató que estos procesos psíquicos en juego servían para explicar muchos aspectos y actos de nuestra vida diaria. Esto no fue fácilmente admitido: la barrera que diferencia lo normal de lo patológico se venía abajo. Especialmente con “Psicopatología de la vida cotidiana” Texto que como su título lo indica, es el esfuerzo de Freud de explicar cómo lo psicopatológico estaba incluido en la vida cotidiana, en perspectiva con lo mismo con lo que se hace chistes, se hacen sueños y se inventan poemas, también se enferma.

En efecto, el psicoanálisis descubrió que el ser humano puede gozar de aquello de lo que sufre, debido a que lo que puede hacer sufrir al Yo, puede resultar insatisfactorio para otra instancia. Esto resulta muy difícil de asumir y sólo a través de un análisis se puede esa persona a vislumbrar esa paradoja, que es clave para entender por qué es tan difícil cambiar ciertas posiciones en la vida o salirse de ciertas situaciones.

A partir de la escucha de sus pacientes, Freud descubrió que los síntomas neuróticos son una solución de compromiso entre las distintas instancias psíquicas de una persona y también con la realidad exterior. No hay que desestimar el valor del síntoma como «un mal menor» que expresa, en su extraño lenguaje, un conflicto y encierra algo de la verdad del inconsciente de ese sujeto.

Por eso los síntomas neuróticos son una forma de expresión de un conflicto psíquico inconsciente y por lo tanto escuchándolos, y no eliminándolos de entrada, se puede establecer la manera de localizar las trampas donde quedó capturada la persona y por consecuencia ofrece la posibilidad de poder transformarlos. Esta transformación del síntoma es algo que ya estaba en Freud y que muestra una forma nueva de enfrentar con el ombligo del síntoma que es reticente a cualquier elaboración por el sentido y que va de sujeto a sujeto.

Y que se determinara a través de su dichos y decires. Por eso el psicoanálisis es una cura a través de la palabra, porque se brinda un escenario donde la persona irá encontrando y descubriendo sus propias formas de decir y expresar su sufrimiento. Estas formas descubiertas de decir sobre el síntoma son únicas. Y son producto del acuerdo intencional entre el discurso y las palabras, dónde se colará la diferencia entre lo que quiere y cree decir el sujeto. De ahí que si bien hay cosas escritas, muy bien escritas, como se leen es un ejercicio que se puede hacer.

En la sociedad actual circula una cierta literatura que empuja al ser humano a creer que puede (y debe) colmarse y tenerlo todo. De esta manera, se le hace difícil soportar la más mínima frustración propia de la vida. Se tiende a anular con cosas esta brecha del ser – que el psicoanálisis conoce como deseo – y con ello tapar la falla constitutiva del ser humano. Pero los síntomas, testarudos, desconocidos e irresueltos, reaparecen para recordarnos que somos seres de deseo, que por hablar, perdimos la posibilidad de una satisfacción total.

Por eso es sorprendente como estos sujetos se vinculan con estas prácticas con una clara perspectiva religiosa, que los colme en su ser, porque eso entregan un fanatismo absoluto. Pero tambien es producto de una civilización arrojada a glorificar el éxito, donde se premia la rapidez y se castiga la duda o la reflexión.

Y en este escenario es donde el psicoanálisis hace una propuesta, escuchar el inconsciente y trabajar el sujeto que lo padece. Sin buscar resultados rápidos, sin obligar al fanatismo, sin poner a los sujetos a competir.

Es evidente que llevará tiempo ciertas transformaciones en profundidad de una persona, pero al saber acoger la urgencia deja de ser instantánea, deja de ser un acto pasajero y se responsabiliza al sujeto con un padecimiento que no es nuevo, que lo ha acompañado desde siempre y que se tiene que resolver en el Uno por Uno. Con urgencia no me refiero a la “urgencia social” o a la “urgencia institucional”, sino la urgencia de un sujeto, al que se le ofrece: Hablar. Hablar de lo que nunca había dicho y que siempre había sabido. Que es reencontrarse con lo que había pensado y que talvez no había admitido, con aquello del pasado que todavía tiene incidencia en su presente.

Y que se va a descubrir a medida que habla el analizante, porque a través de la palabra se van abriendo caminos y se va dando lugar a cierta perspectiva que le ayudará a comprender que las soluciones rápidas no siempre son las mejores, es preferible una solución profunda y duradera y esas no se compran, se construyen.

[1] Freud, Sigmund. Inhibición, Síntoma y Angustia. Amorrortu . Argentina. 1992. Pág. 92

[2] Freud, Sigmund. Estudios sobre la histeria. Amorrortu . Argentina. 1992. Pág. 55

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