¿Es vigente la epistemología de la diferencia sexual propuesta por el psicoanálisis?

 In Blog, Jornada Sexualidad: encuentro y desencuentro de los cuerpos 2020

CONFERENCIA: ¿Es vigente la epistemología de la diferencia sexual propuesta por el psicoanálisis?[1]

 Julio E. Hoyos Z, Miembro del Foro de Medellín.[2]

 

Foro de Medellín, 29 de febrero de 2020.

 En una conferencia pronunciada en noviembre del 2019 ante un amplio grupo de psicoanalistas pertenecientes a una reconocida institución psicoanalítica europea, que se había reunido para hablar de la mujer en el psicoanálisis el filósofo Paul B. Preciado inquirió a su selecto público en torno a lo que él denomina la epistemología o de la diferencia sexual, a la que destaca como binaria y heteronormativa (Preciado, 2019).

Para quienes no ubiquen al autor que referencio, se trata de uno de los teóricos de género de mayor relevancia en la actualidad, particularmente en Europa donde es profesor en Barcelona y París VIII. Fue alumno de Derrida.  Nacido como Beatriz este pensador español se define hoy como “No soy hombre, mujer, heterosexual, homosexual. Soy un disidente del sistema sexo-género. ¡Lo que soy, qué más da, lo importante es cómo puedo ser libre!” (Montañez, 2019).  Su tránsito de mujer a hombre está documentado en algunos de sus textos, habiendo iniciado por autoadministrarse testosterona y luego pasando por una reciente cirugía de reasignación genital, al cabo del cual señala que pasó de ser una “feminista radical a trans anti-identidad, ya que la identidad de género y la raza son un invento del patriarcado colonial desde el siglo XV, que sigue defendiendo el antiguo régimen que piensa de forma binaria. Nuestra tarea no debe ser de identificación, sino de desidentificación frente a las políticas heteropatriarcales, en las que si una mujer no accede a la maternidad es una paria”

Traemos hoy los cuestionamientos al psicoanálisis por parte de Paul Preciado, pues reúnen bastante bien la crítica que desde la teoría Queer se le realiza a la concepción que de la sexualidad tiene el psicoanálisis y que dadas las particularidades de los movimientos en pro de una diversidad sexual obligan al psicoanálisis a plantearse la pregunta de si sus postulados están a la altura de la subjetividad de la época.

Estas críticas no son recientes, es más, lo han acompañado desde sus comienzos.  Hace 90 años al mismo Freud le correspondió el debate con las analistas feministas de aquel entonces en lo que se denominó la “Querella por el falo”.  Así mismo el movimiento feminista de los años 50 centró su crítica en el falocentrismo imputado al psicoanálisis.  A finales del siglo pasado y lo que va del presente, las críticas han arreciado por parte de los movimientos en pro de los derechos de los colectivos LGBTIQ+, soportados en la crítica a la heteronormatividad y al poder ejercido sobre los cuerpos señalado por autores como Foucault y más recientemente por Judith Butler.

Es en dicho contexto donde podemos ubicar los interrogantes planteados por Paul Preciado, los cuales pueden englobarse en tres ejes:

La crítica a la noción de diferencia sexual utilizada por el psicoanálisis a la que Preciado denomina como una epistemología política del cuerpo que no es ni natural, ni simbólica y por tanto es histórica y cambiante (Preciado, 2019).  Concordamos en que no es natural, dado que para el psicoanálisis la sexualidad humana no está regida por un instinto biológico, sino que es desnaturalizada por el lenguaje.  Ahora, respecto a no ser simbólica, habría que considerar cuál es la noción de simbólico con la que se orienta este autor.

De otra parte, ¿habría que pensar si la forma en que el psicoanálisis, al menos con Lacan, plantea el asunto de la diferencia sexual es transhistórica o debería revisarse en función de las particularidades de cada época? Para el psicoanálisis el plantear que es un hecho de estructura, es decir que está sujeto a la estructura del lenguaje que desnaturaliza al instinto animal, no parecería supeditado a los cambios históricos.  Ello sin desconocer que las envolturas formales de la expresión de la sexualidad humana van tomando los ropajes de cada época.

En ese sentido histórico, Preciado plantea los dos siguientes ejes. El segundo lo ubica del lado de la ciencia que, según él, destituye con sus datos morfológicos, cromosómicos etc. la idea de una sexuación binaria para los humanos. Quizá el ejemplo más importante sea aquí en el de la intersexualidad, entendida hoy como una alteración en los cromosomas sexuales, o bien como una alteración en la sensibilidad a ciertas hormonas entre otras causas biológicas. El tercer punto lo refiere a la mutación que dicha epistemología habrá de tener en los próximos años a partir de fenómenos presentes hoy en el encuentro de los cuerpos, las nuevas formas de familia, la multiplicidad de géneros, las nuevas nominaciones etc.

Preciado denomina epistemología de la diferencia sexual, aquella que proviene del discurso sobre el sexo que ha tenido la medicina desde el siglo XVIII cuando esta desarrolló su saber en torno a la anatomía femenina, más tarde las hormonas sexuales, los cromosomas sexuales etc.  Esto permitió a la medicina ubicar el binario hombre-mujer, y por ende proponer, a partir de mediados del siglo pasado, por ejemplo, la reasignación sexual de intersexuales y transexuales en la vía de consolidar dicho binario.  Por ello él sostiene que ser trans es un acto político que intenta oponerse a ese modelamiento binario de los cuerpos basado en dicha epistemología (Borraz & Requena Aguliar, 2019). No está demás señalar la contradicción en la que este autor cae al haber pasado por una cirugía de reasignación genital que paradójicamente reafirma el binario que él tanto critica.

Al igual que Foulcault, Preciado inscribe al psicoanálisis en ese discurso médico y por ende lo hace objeto de su crítica.  Llegando incluso a señalar que el dispositivo analítico procura “inventar una tecnología, un conjunto de prácticas discursivas y terapéuticas que permiten normalizar las posiciones de hombres y mujeres, y sus identificaciones sexuales y coloniales dominantes (…).” (Preciado, 2019, pág. 6). Como sabemos, lejos está el psicoanálisis, incluso desde tiempos de Freud de proponer terapias de reconversión de la orientación sexual, como claramente lo señalaba en una carta de 1935 en respuesta a una madre de un joven que le consultó por la homosexualidad de su hijo:

“La homosexualidad no es, ciertamente una ventaja; pero tampoco es algo de lo que haya que avergonzarse. No es un vicio, ni una degradación, no puede ser calificada como una enfermedad […] Cuando usted me pregunta si yo puedo hacer algo por su hijo, entiendo que usted quiere preguntarme si yo puedo suprimir la homosexualidad y poner en su sitio la heterosexualidad normal. […]Lo que el psicoanálisis puede hacer por su hijo no va exactamente por ahí. Va por ese otro camino: si su hijo está angustiado o neurótico o atormentado por ciertos conflictos, o sí se siente inhibido en su vida social, el análisis podrá aportarle equilibrio y paz mental y hacer de él una persona consciente de lo que es y de cómo es, siga siendo homosexual o no” (Freud, 1935)

Pero retomemos los señalamientos de Preciado, quien en su argumentación, ubica como hito histórico el período que va de los años 40 a 60 del siglo XX donde dice se produce una crisis de esa epistemología dados los avances de la ciencia, hecho que coincide con el desarrollo de la endocrinología y los avances en las técnicas quirúrgicas que permitieron las primeras cirugías de reasignación genital en transexuales, así como los primeros movimientos en pro de la despatologización de la homosexualidad, junto con los trabajos de John Money en torno al concepto de género.

Reconoce en Lacan un intento de ir un poco más allá pero que a su juicio, termina produciendo un meta-sistema que, aunque no se basa en lo anatómico, termina en “un sistema de diferencias que no escapa –desafortunadamente– al binarismo sexual y a la genealogía patriarcal del nombre…. Mi hipótesis es que Lacan no logró des-hacerse del binarismo sexual, a causa de su fijación/apego político al patriarcado heterosexual.”. (Preciado, 2019, pág. 7)

Preciado considera que esta mutación de la epistemología de la diferencia sexual es equiparable al cambio de paradigma que implicó el paso de la teoría geocentrista a la tesis copernicana del heliocentrismo. Por ello insta a los más de mil psicoanalistas de la escuela de psicoanálisis ante los que hablan al modo de un informe a la academia al mejor estilo kafkiano, a que asuman una postura política “ustedes tienen una enorme responsabilidad. Ustedes tienen… y tienen que saberlo… en qué lado quieren colocarse. Si quieren permanecer del lado de este discurso patriarcal y colonial, y reafirmar la universalidad de la diferencia sexual y de la reproducción sexual, heterosexual; o entrar, con nosotros, los mutantes de este mundo, en un proceso crítico de invención de una nueva epistemología. Permitiendo la redistribución de la soberanía, el reconocimiento de otras formas de subjetividad política” (Preciado, 2019, pág. 8)

Voy a dejar hasta allí la referencia a este informe a la Academia de Preciado, para pasar a señalar algunos puntos en los que el psicoanálisis tanto con Freud, como de un modo más decidido con Lacan, dista bastante de las críticas que estos autores de la Teoría de género y teóricos Queer, le enrostran.

Un refrán atribuido a Confucio dice que cuando un sabio señala la luna, algunos solo se quedan mirando el dedo.  Y esos parece ser lo que ha sucedido con algunos postulados del psicoanálisis en torno a la sexualidad, lo cual no excluye que hayan existido o existan analistas que antepongan sus prejuicios personales y puedan dar razón a estas críticas.

Un sinnúmero de referencias tanto en Freud como en Lacan podríamos traer para señalar cómo el psicoanálisis ha sido contrario a una patologización de la diversidad sexual o un mantenimiento de una heteronormatividad o a un binarismo basado en la pareja hombre-mujer.  Veamos entonces lo que el psicoanálisis dice respecto a la diferencia de los sexos.

En otro trabajo que presentamos aquí, el año anterior recogíamos la cita de 1920 en el texto sobre la joven homosexual, en la que Freud da cuenta de los factores intervinientes en la elección sexual de un sujeto y que por su contundencia me permito traer nuevamente:

Un hombre con cualidades predominantemente viriles, y que exhiba también el tipo masculino de vida amorosa, puede, con todo eso, ser un invertido con relación al objeto, amar sólo a hombres, no a mujeres. Un hombre en cuyo carácter prevalezcan de manera llamativa las cualidades femeninas, y aun que se porte en el amor como una mujer, en virtud de esa actitud femenina debería estar destinado al varón como objeto de amor; no obstante, muy a pesar de eso, puede ser heterosexual y no mostrar hacia el objeto una inversión mayor que una persona normal media. Lo mismo vale para las mujeres; tampoco en ellas carácter sexual y elección de objeto coinciden en una relación fija. […] Más bien se trata de tres series de caracteres: Caracteres sexuales somáticos (hermafroditismo físico), Carácter sexual psíquico (Actitud masculina o femenina), Tipo de elección de objeto (Freud, 1920/1976, pág. 163)

Estos caracteres aislados por Freud no están prefijados por ninguna disposición natural y por ende cada uno puede estar perfectamente separados o entremezclado de modos diversos, pues al no haber conexión preestablecida entre lo anatómico, el carácter sexual y la elección de objeto lo que surge es la diversidad de combinatorias.  Esta es una de las fases de la luna que los que se quedaron observando el dedo no pudieron captar, pues esta sola referencia bastaría para señalar como el mismo Freud se anticipó a algunos postulados a la teoría Queer.

El primero de esta serie de caracteres de la cita freudiana remite a lo anatómico lo cual es una discusión frecuente y de modo particular en los últimos tiempos entre analistas si la anatomía es o no destino y allí se afinca una de las críticas de la teoría Queer.  Cuando Freud tomó la expresión de Napoleón, “La geografía es el destino” para parafrasearla y decir que es como si la anatomía fuera destino, se refería a cómo el hecho de portar tal o cual dotación genital implicaba un trabajo psíquico para el sujeto con relación a qué hacer con esa diferencia anatómica: angustia de castración en unos y envidia del pene en otras fue su apuesta a partir de sus observaciones clínicas.  No queriendo decir con ello que el destino de un hombre o una mujer estuviera predeterminado en sí mismo por la anatomía, sino por las respuestas singulares de cada sujeto ante dicha disparidad anatómica como bien se puede observar en la cita que mencionamos anteriormente.  Se suele decir que en Lacan es más evidente que la anatomía no traza el destino sexual de un sujeto y en ello se podría encontrar un punto de cercanía con las teorías Queer, no obstante, sería más preciso señalar el cómo se produce ese paso de la anatomía al significante para expresarlo con mayor claridad.

Colette Soler habla del bio-semblante (Soler, 2019) para dar cuenta de ese punto.  Se refiere a cómo en el momento de nacer o por medio de ecografías o bien por la novedosa costumbre de la fiesta conocida como de revelación del sexo que en los últimos años se viene realizando como anuncio por parte de los padres a sus familiares y amigos sobre la atribución significante a partir del decir por ejemplo “es un niño” en lugar de “tiene pene” con lo cual producen en ese acto un sujeto de dicha atribución significante.  Este énfasis en el ser, más que en el tener es capital en este asunto.  Este decir de los padres sobre ese cuerpo, supone un a priori “que condiciona sus experiencias, está antes de cualquier opción subjetiva, antes de cualquier actividad sexual real, es independiente de los acuerdos del discurso de cada época, por consiguiente, es trans-histórico” (Soler, 2019). Se trata de una sustitución de la naturaleza por un referente simbólico.

Aun con la posibilidad reciente en algunos países europeos, así como en Australia de asignar un sexo neutro en el momento del nacimiento con la finalidad de que más tarde la persona pueda optar por tal o cual inscripción en el registro civil, es evidente que esa marca del Otro al inscribir como neutro su sexo implicará para el sujeto un tener que vérselas con ese decir del Otro, podría considerarse también esta novedosa costumbre como una forma de ese a priori, pues también es una atribución significante decir neutro o no binario.  Habremos de esperar lo que la clínica con sujetos que hayan sido así inscritos en el orden significante nos pueda revelar.

Ahora bien, es al sujeto a quien corresponde arreglárselas con dicho a priori.  Ser signado como hombre, o mujer no es algo que resuelva el enigma de la sexualidad, todo lo contrario, implica interrogarse como acordar o no con esos significantes que son hombre y mujer, y que las fórmulas lacanianas de la sexuación bien definen como las mitades del sujeto, mitades que implican las formas de gozar del sexo, distantes de la biología y por supuesto de la anatomía, pues no se trata de gozar como macho o hembra, en una relación sexuada guiada por el instinto natural donde habitualmente no hay desencuentros de los cuerpos.  La formulación lacaniana de la sexuación es un intento de hacer pasar a la lógica, lo imposible de lo real de la no proporción armónica entre los sexos y de los desencuentros entre los cuerpos que ello acarrea.  La tesis de la no proporción sexual señala el desencuentro de dos goces no complementarios, que no hacen pareja.  De una parte, el goce nombrado como fálico que constituye un universal y que es válido para todo sujeto que consienta con la castración entendida esta como función fálica que regula el goce y lo ubica fuera del cuerpo.  De tal suerte que tanto machos como hembras humanas pueden inscribir su goce sexual de este modo. A esto podría corresponder la referencia al patriarcado a la que bien apunta la crítica Queer.

El Otro goce refiere a la sexualidad femenina y al avance que logró Lacan respecto de Freud al poder matematizar los impases freudianos respecto a ella, toda vez que una sexualidad femenina pensada solo a partir del modo masculino, no podía dar cuenta de los hechos clínicos y que llevaron a Freud a dar a la mujer el apelativo del continente oscuro o bien bajo el modo de la pregunta “¿Qué desea una mujer?”.  La propuesta lacaniana de “La mujer no existe”, no debe entenderse como una propuesta misógina, todo lo contrario, es una elaboración lógica en tanto no puede hacerse conjunto universal con ellas, sino que hay que contarlas una a una en tanto su sexualidad no puede ser simplemente ordenada a partir del significante fálico.  Con esto introduce el punto de la singularidad reafirmado a partir de la propuesta del no-todo, el goce sexual de La mujer se inscribe no-todo en el goce fálico, dando así lugar a algo singular y no colectivilizable como lo es el goce fálico. Acá es importante diferenciar particular, el cual hace parte del todo, del singular que no se adjunta ni complementa al universal, es suplementario y no complementario a ese universal.  Este Otro goce distinto del fálico es lo radicalmente hetero, lo distinto, lo singular, por ello dirá Lacan que considera heterosexual a todo aquello que ama a las mujeres independientemente de su sexo anatómico (Lacan, 1973/2012, pág. 491).

De lo anterior se infiere que lo homosexual en el psicoanálisis lacaniano es, en un sentido lógico, todo aquello que ama a los hombres independientemente de su sexo anatómico.  Ello quiere decir, que tanto el sexo entre hombres, como el encuentro entre un hombre y una mujer donde él la haga objeto de su deseo recortando un pedazo del cuerpo, o bien ella busque el falo en el encuentro con un hombre, así como también en el encuentro entre dos mujeres donde lo fálico esté puesto en juego, e igualmente en el goce masturbatorio, estaremos en el ámbito del goce fálico y por ende todos alrededor del mismo goce sexual lo haría, un sexo homo (igual) sexual.  En cambio, todo aquello que apunte al Otro goce, al goce disidente del fálico será en rigor lógico, hetero (distinto- Otro) sexual.

De este modo encontramos cómo el psicoanálisis subvierte, las distintas nominaciones de los géneros que hoy pululan en nuestra cultura occidental.  Así como masculino y femenino, no son más que semblantes, de igual forma lo son el ser nombrado como hombre, mujer, cisgénero, asexuado, gay, lesbiana, travesti, transgénero, transexual, queer y un larguísimo etcétera que hoy por convención se señala con el símbolo (+) al final de la sigla LGBTIQ.  Estos diversos nombres del género, corresponden en psicoanálisis a la categoría de identificaciones sociales.

Como se recordará una de las críticas de Preciado y en general de la teoría Queer es en torno a la heteronormatividad del psicoanálisis. Además de lo ya señalado, podríamos agregar algunos puntos.  Plantear que hay un deber ser de la sexualidad es a todas luces antipsicoanalítico.  Ni en Freud, ni en Lacan encontramos nada que apunte a que el encuentro sexual deba ser exclusivamente entre un hombre y una mujer.  El hecho mismo que Lacan haya arribado a la fórmula del no hay relación/proporción sexual plantea un real, un desencuentro entre los sexos.  Cuando Lacan habló de una sexualidad normale, lo hizo jugando con la homofonía en francés entre normale (normal) y norme-mâle (norma-macho) (Lacan, 1973/2012).  Esta norma macho hace referencia a una sexualidad ordenada por el falo como significante y que cómo ya se señaló implica a todo sujeto que consienta con la castración entendida como función fálica.  Lo heterónomo, lo distinto respecto a esa norma, supone el Otro goce, lo verdaderamente heterosexual.  Y un análisis llevado hasta sus últimas consecuencias apunta a que un sujeto conquiste algo de esa heteridad.  Por tanto, y solo en ese sentido podríamos decir que el psicoanálisis es heteronormativo, en la medida en que apunta a lo hetero.

Digamos para concluir en respuesta a la pregunta que da título a nuestra presentación que, la epistemología de la diferencia sexual del psicoanálisis no es la que señalan los teóricos Queer, la diferencia sexual para el psicoanálisis no se reduce a la anatomía, ni a la elección de objeto, ni plantea un deber ser de los vínculos sexuales entre los humanos, ni sostiene un binario, se trata de una posición del ser sexuado respecto al goce sexual sea este fálico o no-todo fálico. Y en ese sentido todo sujeto tiene un modo singular como ser sexuado.

Ahora bien, hay una cuestión que deberíamos rescatar de los señalamientos de Paul Preciado y es, al menos para mí, algo que dejo a modo de pregunta ¿Qué responsabilidad nos cabe a los psicoanalistas en nuestra trasmisión de todas estas nociones para que muchos se hayan quedado mirando el dedo y no hayan alcanzado a ver la luna?

Bibliografía

Borraz, M., & Requena Aguliar, A. (11 de octubre de 2019). Paul B. Preciado: «El sujeto del feminismo es el proyecto de transformación radical de la sociedad en su conjunto». Recuperado el 5 de febrero de 2020, de https://www.eldiario.es/sociedad/Entrevista-Paul-Preciado_0_951555075.html

Freud, S. (1920/1976). Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina. En S. Freud, Obras completas Vol. XVIII (págs. 137-164). Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1935). Sigmund Freud: Carta a la madre de un joven homosexual. Recuperado el 27 de febrero de 2020, de Red filosófica del Uruguay: https://redfilosoficadeluruguay.wordpress.com/2013/09/22/sigmund-freud-carta-a-la-madre-de-un-joven-homosexual/

Lacan, J. (1973/2012). El Atolondradicho. En J. Lacan, Otros escritos (págs. 473-522). Buenos Aires: Paidós.

Montañez, J. (11 de abril de 2019). “¡Lo que soy, qué más da, lo importante es cómo puedo ser libre!”. El País. Recuperado el 4 de febrero de 2020, de https://elpais.com/cultura/2019/04/11/actualidad/1555008581_513315.html

Preciado, P. (17 de noviembre de 2019). Intervención en la Jornadas N° 49. Escuela de la causa Freudiana. París. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=vqNJbZR_QZ4&t=378s

Ramirez, J. (2019). Lo femenino, lo queer y lo transgénero. Entrevista a Miquel Bassols. Aperiódico psicoanalítico.

Soler, C. (2019). El falo, finalmente confirmado. Que nadie duerma(9). Obtenido de https://www.nadieduerma.com.ar/edicion-10/el-falo-finalmente-confirmado-126.html#_edn7

 

[1] Trabajo presentado en la Jornada “Sexualidad: encuentro y desencuentro de los cuerpos” Medellín 29 de febrero de 2020

[2] Psicoanalista.  Profesor del Departamento de Psicoanálisis. Universidad de Antioquia. Miembro del Foro del Campo Lacaniano Medellín

Correo: julioehoyos@gmail.com

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